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Cielo amenazante sobre viñedo en Mendoza con viticultura agroecológica

Viticultura agroecológica en Mendoza: cuando el cielo amenaza

  • El cielo en Men­doza no es dec­o­ra­ti­vo: es el socio silen­cioso que puede arru­inar un año entero de tra­ba­jo.
  • La viti­cul­tura agroecológ­i­ca es acep­tar que la relación con la plan­ta, el cli­ma y el sue­lo no se con­tro­la: se acom­paña.
  • Porque el vino no nace en la bar­ri­ca, sino en un año entero de mirar el cielo y tomar deci­siones sin certezas.

“El vino no viene de la bar­ri­ca. Viene de un año entero miran­do el cielo.”

Hay días en los que el cielo pesa en la viti­cul­tura agroecológ­i­ca de Men­doza.

No porque sea gris —eso sería fácil—, sino porque ame­naza.

Siete días de llu­via anun­ci­a­da, calor inter­mi­tente, humedad sus­pendi­da en el aire. Un cielo que no decide, y cuan­do el cielo no decide, el agricul­tor tam­poco puede des­cansar.

El agricul­tor mira el cielo como otros miran el reloj. Una y otra vez. No para saber la hora, sino para saber si esta vez le toca.

Porque bas­ta con decidir “voy a tra­ba­jar agroecológi­ca­mente, quiero respetar la viña, quiero curar menos” para que el pronós­ti­co cam­bie. Cualquier enfoque con­sciente del viñe­do —agroecológi­co, regen­er­a­ti­vo, biod­inámi­co— exige lo mis­mo: estar pre­sente, obser­var, ajus­tarse al cli­ma.

Llu­via, sol, calor. La com­bi­nación per­fec­ta para todo lo que no querés que pase.

Al granizo no se le discute

La tela anti­grani­zo es una tregua, no una vic­to­ria.

Pero la pudri­ción… la pudri­ción sí exige estar, cam­i­nar, mirar, oler, tocar. La pudri­ción te pide meter las manos, no rezarle des­de afuera.

Porque no es con­tro­lar, no es dom­i­nar: es estar en relación.

El vino se volvió liviano en el discurso

Hoy hablam­os de aro­mas, de notas, de bar­ri­c­as. Como si el vino naciera en la madera. Como si los huevos no fuer­an gal­li­nas tra­ba­jan­do sin des­can­so.

Se tiran huevos en las fies­tas, se tira comi­da, se tira esfuer­zo. Y detrás de un hue­vo hay una gal­li­na. Y detrás de una botel­la hay un año entero miran­do el cielo.

El vino no viene de la bar­ri­ca. La bar­ri­ca es ape­nas el final.

El vino viene de la uva, del sue­lo, del agua, del micro­cli­ma, del ter­roir… y de la suerte. De heladas tardías y tem­pranas. Del vien­to zon­da en flo­ración. De la sequía men­doci­na. De la llu­via que lle­ga cuan­do no debería.

La viti­cul­tura agroecológ­i­ca en Men­doza se hace día a día en el cam­po.

Con pacien­cia. Con miedo. Con esper­an­za.

“Tal vez perdi­mos el óre­mus.
Tal vez nos olvi­damos de que pro­ducir ali­men­to es acep­tar que nun­ca se tiene el con­trol total.”

Y que hay días en los que solo que­da seguir cam­i­nan­do la viña.

 

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Categoria:Naturaleza viva
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Gabriela Furlotti

Gabriela Furlotti lleva más de veinte años trabajando en vino y hospitalidad en Mendoza. Fundadora de Finca Adalgisa y quien dio nueva vida a Bodega Furlotti, construye proyectos que integran viñedo, territorio y una hospitalidad que no se aprende en manuales. Escribe sobre lo que vive: vino, hospitalidad, agroecología, naturaleza, decisiones sin certezas.

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