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“Darwin, Rosalía y Ramón en Altamira, Mendoza”

Darwin, Rosalía y Ramón

Tres burros y una lección inesperada sobre la vida

  • Pru­den­cia e intu­ición
  • Vín­cu­los que enseñan
  • La cal­ma como fuerza

El 8 de mayo fue el Día del Bur­ro.

No sé quién decidió la fecha, pero me pare­ció una bue­na excusa para escribir sobre tres ani­males que ter­mi­naron enseñán­dome bas­tante más de lo que esper­a­ba.

Mucho antes de ten­er mis pro­pios bur­ros en Men­doza, ya me detenía a mirar­los. Porque la ver­dad es que los bur­ros siem­pre aparecieron en mi vida. Mucho antes de ten­er­los. Donde veía uno, le saca­ba una foto. En via­jes, en pueb­los per­di­dos, al costa­do de un camino. Había algo en ellos que me detenía. Y durante años no entendí bien qué era.

 

Darwin Gabriela with Darwin in Altamira, Mendoza”

Dar­win llegó primero. Cre­ció rodea­do de per­sonas, de car­iño y de con­fi­an­za. Nun­ca aprendió real­mente el miedo. Has­ta hoy sigue con­ven­ci­do de que cualquier per­sona prob­a­ble­mente viene a acari­cia­r­lo, dar­le algo de com­er o jugar con él.

Es curioso, capri­choso y seguro.

Pero durante mucho tiem­po tam­poco entendió del todo cómo ser bur­ro.

Porque Dar­win cre­ció demasi­a­do cer­ca de los humanos.

RosalíaRosalía in Altamira, Mendoza”

Ros­alía fue dis­tin­ta des­de el primer día.

Ya venía amansa­da a la man­era tradi­cional. Durante años, cada vez que lev­anta­ba la mano para acari­cia­r­la, movía ape­nas la cabeza hacia atrás. Un gesto mín­i­mo. Casi invis­i­ble. Pero sufi­ciente para enten­der que alguien antes había usa­do las manos de otra man­era.

Me llevó muchísi­mo tiem­po lograr que dejara de esper­ar el golpe antes del car­iño.

Y todavía hoy, a veces, esa memo­ria aparece.

Rosalía and Ramón in Altamira, Mendoza”

Ramón

Nació Ramón. Hijo de Dar­win y Ros­alía, pero cri­a­do entre bur­ros des­de el primer día.

Y eso cam­bia todo.

Ramón entiende nat­u­ral­mente sus rit­mos, sus silen­cios y sus códi­gos. Hay cosas que nadie le enseñó: sim­ple­mente las sabe.

A veces sien­to que Ramón ter­minó enseñán­doles algo a los dos.

A Dar­win, a ser más bur­ro.

Y a Ros­alía, a con­fi­ar un poco más.

Lo que aprendí observándolos

Con­vivir con ellos me hizo enten­der algo muy sim­ple: los bur­ros obser­van primero. Después deci­den.

No reac­cio­nan impul­si­va­mente como los cabal­los. No bus­can aprobación con­stante como los per­ros. Y no se mueven sola­mente porque alguien los empu­je. Cuan­do algo no les parece seguro, sim­ple­mente no avan­zan.

Eso deses­pera a mucha gente.

Pero tam­bién hay una sabiduría enorme ahí.

Yo lo com­pro­bé de la man­era más sim­ple:

Si los cor­ro, cor­ren.
Si camino tran­quila, vuel­ven.

Parece obvio.

Y sin embar­go casi siem­pre hace­mos lo con­trario: apu­ramos lo que quer­e­mos y ter­mi­namos ale­ján­do­lo.


 Dar­win, Ros­alía y Ramón viv­en en La Con­sul­ta, Valle de Uco, en el mis­mo lugar donde está toman­do for­ma Altami­ra Lodge: un pequeño refu­gio rodea­do de mon­taña, viñas, silen­cio y nat­u­raleza. Un rincón donde los bur­ros en Men­doza todavía for­man parte de la vida real.

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Gabriela Furlotti

Gabriela Furlotti lleva más de veinte años trabajando en vino y hospitalidad en Mendoza. Fundadora de Finca Adalgisa y quien dio nueva vida a Bodega Furlotti, construye proyectos que integran viñedo, territorio y una hospitalidad que no se aprende en manuales. Escribe sobre lo que vive: vino, hospitalidad, agroecología, naturaleza, decisiones sin certezas.

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