Los Aristogatos de la Bodega
- Una colonia de gatos que pasó de ser un problema a un aliado natural de la bodega
- El cuidado de los animales como parte de una filosofía de vino vivo
- Decisiones pequeñas que reflejan una forma consciente de habitar la tierra
En toda bodega hay vida.
Vida humana, vegetal, microbiana… y también felina.
En Bodega Furlotti, además de viñas, barricas y vino, hoy viven nueve gatos. Ocho blancos y uno negro. Una pequeña corte peluda que parece salida de una película: Los Aristogatos de Furlotti. No llegaron por diseño ni por marketing. Llegaron porque la tierra, cuando está viva, atrae vida.
Donde hay vida, aparece más vida.
Cómo empezó todo
Todo empezó —como empiezan estas historias— por accidente.
Una pareja de gatos salvajes se instaló en el fondo de la bodega.
Y cuando nos quisimos acordar, ya había toda una familia.
Ahí apareció una decisión clave:
no mirar para otro lado.
Durante un mes entero, con paciencia y constancia, se fueron atrapando uno por uno para poder castrarlos. Sin violencia. Sin apuro. Con responsabilidad.
Cuidar también es hacerse cargo.
El ingenio detrás del rescate
En toda buena historia hay alguien que resuelve. Acá fue Emilio, el creador de la jaula. La había construido originalmente para atrapar a un zorro que se comía las gallinas. (El zorro, por supuesto, nunca cayó). Pero esa misma jaula terminó sirviendo para algo mucho más importante:
Cuidar la vida.
Hoy los nueve gatos están castrados, sanos, tranquilos y en paz. No hay reproducción descontrolada. No hay sufrimiento. Y la bodega se mantiene libre de ratas gracias a ellos.
Un control natural de plagas, cortesía de la naturaleza… y del ingenio humano.
Más que gatos: una forma de estar en el mundo
Esta historia no es solo sobre gatos. Es sobre cómo se toman decisiones. En Familia Furlotti creemos que la tierra no es algo que se posee. Es algo que se cuida y se comparte.
La tierra no se hereda: se cuida para quien viene después.
Cuando alguien se toma el tiempo de proteger a quienes habitan el lugar —aunque no sean “productivos” en términos económicos—, eso habla de una ética. Y estamos convencidos de que esa ética se siente en el vino.
Vinos vivos.
Vinos equilibrados.
Vinos con alma.
Un brindis final
Brindamos por ellos.
Por quienes cuidan.
Por quienes observan.
Por quienes entienden que hacer vino también es hacerse cargo de la vida que lo rodea.
Porque cuidar la vida, en todas sus formas, también es hacer buen vino. 🍷🐾



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