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Hospitalidad familiar en Finca Adalgisa, hotel con historia y aprendizaje

Cómo aprendí hotelería en nuestro hotel boutique en Mendoza

Un hotel se aprende obser­van­do: la nat­u­raleza primero, los hués­pedes después, el tiem­po siem­pre como mae­stro silen­cioso.
Veinte años de rein­ver­sión con­stante: camas, baños, jar­dines y detalles evolu­cionaron jun­to a quienes nos vis­i­tan.
El ver­dadero lujo no se exhibe: se siente en el cuida­do, la aten­ción y el dis­frute com­par­tido.

 

La hotel­ería no se estu­dia sola­mente: se vive, se obser­va y se aprende con el tiem­po.

 

La hotel­ería no se estu­dia sola­mente: se vive, se obser­va y se aprende con el tiem­po. Cuan­do empecé con nue­stro hotel bou­tique en Men­doza allá por el año 2000, no sabía muy bien lo que bus­ca­ba. Tam­poco tenía expe­ri­en­cia en hotel­ería. Solo sabía que quería preser­var un lugar, man­ten­er viva una casa, un viñe­do, un pedac­i­to de his­to­ria famil­iar

Aprender mirando la naturaleza

Con el tiem­po entendí que la nat­u­raleza enseña —si uno sabe obser­var­la—, y que en real­i­dad fue ella la que me enseñó tam­bién a obser­var a las per­sonas.
Los cic­los, los tiem­pos, los silen­cios, los cam­bios lentos.
Nada se fuerza: todo se acom­paña.

Así aprendí la hotelería

Obser­van­do.
Obser­van­do lo que el huésped nece­sita­ba, lo que hacía fal­ta mejo­rar, lo que gen­er­a­ba bien­es­tar, lo que hacía son­reír.

Pasamos de ten­er una cama de 1,40 a una de 2x2.
De baños pequeños a baños inte­gra­dos.
De un jardín sen­cil­lo a un jardín vivo, lleno de pájaros, aro­mas y esta­ciones mar­cadas.

Siem­pre rein­ver­ti­mos. Siem­pre mejo­ramos.

Evolucionar sin perder la esencia

Aprendi­mos a leer cómo fueron cam­bian­do las épocas, los via­jeros, las for­mas de des­cansar y de via­jar.
Y gra­cias a esa evolu­ción con­stante, hoy seguimos entre los primeros hote­les de Men­doza, ofre­cien­do ese lujo invis­i­ble que es nue­stro jardín, nue­stro viñe­do y nue­stros vinos:
los de Fin­ca Adal­gisa y los de Famil­ia Fur­lot­ti, que hoy ya suman trece.

El verdadero legado

Después de más de veinte años, creo que mi may­or lega­do no es hotel bou­tique en Men­doza
Mi may­or lega­do es el autoapren­diza­je.

Las ganas de seguir apren­di­en­do.
De hac­er­lo cada día un poco mejor.
De servir, de aten­der, de cuidar los detalles.

La ale­gría de ver a otros dis­fru­tar:
de una copa de vino, de una comi­da com­par­ti­da, de un rincón del jardín al atarde­cer.

El ver­dadero lujo no está en lo que se mues­tra, sino en lo que se siente.

Y eso es, final­mente, el espíritu de este lugar:
la vocación de cuidar, de apren­der y de hac­er feliz al otro.

 

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Gabriela Furlotti

Gabriela Furlotti lleva más de veinte años trabajando en vino y hospitalidad en Mendoza. Fundadora de Finca Adalgisa y quien dio nueva vida a Bodega Furlotti, construye proyectos que integran viñedo, territorio y una hospitalidad que no se aprende en manuales. Escribe sobre lo que vive: vino, hospitalidad, agroecología, naturaleza, decisiones sin certezas.

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