El inicio de Finca Adalgisa
En pocas palabras:
- La historia de cómo nació Finca Adalgisa, sin plan previo, en el año 2000.
- Por intuición, amor y un impulso profundo de preservar un lugar vivo.
- Porque, sin saberlo, ese gesto permitió salvar una finca, un viñedo y un legado familiar.
Una historia que no nació de un plan
Finca Adalgisa nace en el año 2000. Y nace sin saber. Como nacen muchas cosas importantes en la vida.
Nace por un sentido innato de preservación, por amor —sin saber todavía que amábamos— y por legado, sin saber aún que lo teníamos.
Finca Adalgisa no nació de un plan. Nació de una intuición.
No había un plan de negocios.
No había experiencia en hotelería.
No había turismo en Mendoza como lo conocemos hoy, ni siquiera turistas internacionales.
Y, sin embargo, Adalgisa nació.
Preservar antes que producir
La idea inicial era simple: preservar la finca, el espacio, el lugar. Que no se perdiera. Que siguiera vivo.
Con el incentivo de una abuela y la ayuda económica de mi madre, empezó algo sin saber adónde íbamos. Nació desde el espíritu de la juventud: la inconsciencia del peligro, la falta de miedo al fracaso, las ganas de hacer.
Y también —por qué no decirlo— nació por suerte.
Aprender mirando
En 2002 abrimos las puertas a nuestros primeros huéspedes. Nada era como hoy. Todo era aprendizaje.
Aprender observando, viajando, mirando otros lugares y adaptando ideas a nuestra escala.
Recuerdo viajes que me marcaron. África, donde descubrí una industria turística que en Mendoza todavía no existía. Ecuador, donde vi un pequeño hotel con poca estructura edilicia y mucho verde.
Ahí entendí algo que ya llevaba adentro: el valor del paisaje vivido.
El paisaje no se mira. Se vive.
Veinte años después: del verde de la infancia al legado
El verde siempre estuvo ahí. Crecí entre fincas, animales, gallinas y flores. Mi abuela tenía gallinas. Hoy yo tengo gallinas.
Viví con olores reales, sabores reales y estaciones reales. Esa infancia —lejos de la televisión, de la tecnología y del mundo rápido— me dio algo fundamental: observación y creatividad.
Por eso, Adalgisa creció conmigo y con el turismo en Mendoza.
La evolución constante
Invertimos, reinvertimos y mejoramos. Aprendimos a escuchar la naturaleza, a respetar los ritmos, a cuidar.
Finalmente, más de veinte años después, entiendo algo importante. Esa misma fuerza que permitió preservar esta finca es la que me impulsa a seguir sosteniendo un legado familiar.
Buscar hace que encontrar sea posible.
Finca Adalgisa no nació de un plan. Nació de una intuición. Y sigue viva por esa misma razón.
Si te interesa descubrir cómo la historia familiar, el viñedo y el vino se entrelazan en este lugar, te invitamos a seguir leyendo nuestro blog.









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