Las Rosas de Adalgisa
- Las rosas acompañan a la humanidad desde siempre.
- Belleza, perfume y espinas: pasión y advertencia.
- En Adalgisa, las rosas también son herencia.
Esa mezcla de belleza y peligro las volvió irresistibles para poetas y amantes. Las rosas, con su perfume que hipnotiza y sus espinas que advierten, nos acompañan desde siempre.
Herencia viva entre rosales
En Adalgisa, las rosas son herencia. Vienen de generación en generación, como si se hubieran pasado de mano en mano junto con todas las tijeras de podar.
Veo a mi madre entre los rosales, podando en agosto, cuando el frío corta los dedos pero la savia empieza a moverse. Podando en menguante, siguiendo la luna, como si fuese biodinámica —pero sin serlo. Lo hace por experiencia, o porque lo leyó, no lo sé. Pero lo hace. Y supongo que algún día lo haré yo también.
Primavera en la finca
Hoy las rosas florecen por todas partes: en los patios, en los caminos, en las cabeceras de los viñedos. Siguiendo la tradición.
En octubre y noviembre, Adalgisa se cubre de colores y perfume: rojos intensos, rosados suaves, blancos casi transparentes, amarillos, y ese tono durazno que no es naranja, pero casi.
Caminar por la finca es caminar entre rosas. Cada una distinta, cada una viva.
“No sé por qué hay tantas rosas, pero sin ellas este lugar no sería el mismo.”
No sé por qué las rosas nos acompañan tanto. Tal vez porque representan todo: la pasión, la ternura, las espinas, el tiempo, la belleza que insiste.
Y tengo un pendiente: hacer agua de rosas.
El próximo post va a ser sobre eso —cómo la hice, y si funcionó o no.



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