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La colección de 88 aromas de Nick sobre una mesa en Finca Adalgisa, Chacras de Coria

Nadie nos enseña a oler: dos horas de aromas con Nick en Finca Adalgisa

Pasé dos horas con Nick y su colec­ción de 88 aro­mas, y ter­miné pen­san­do en la rúcu­la sil­vestre de mi infan­cia.

Nick es británi­co y vive en Men­doza des­de hace muchos años. Tra­ba­ja con bode­gas de acá: las ayu­da a describir sus vinos y a escribir las notas de cata.

Cuan­do llegó a Fin­ca Adal­gisa con su colec­ción, con­fieso que esper­a­ba un juego de adiv­inan­zas.

No lo fue.

Cómo trabaja Nick

Nick te guía por los aro­mas en lugar de pedirte que adi­vines.

¿Es flo­ral o fru­tal? Si es fru­ta, ¿es blan­ca, roja o cítri­ca? ¿Fres­ca o seca? ¿Dulce, verde o espe­ci­a­da?

Cada pre­gun­ta te acer­ca un poco más. Te ayu­da a encon­trar las pal­abras para algo que reconocías pero no sabías nom­brar.

Rúcula silvestre

Mien­tras hablábamos de aro­mas, me acordé de la rúcu­la sil­vestre.

Cuan­do éramos chicos la encon­trábamos cre­cien­do en el cam­po. Ni sabíamos qué era. Era amar­ga y no la comíamos.

Años después, ya de grande, cada vez que prob­a­ba rúcu­la volvía a esos días en el cam­po.

Supon­go que cada uno tiene su propia colec­ción.

Lo que nunca nos enseñan

De chicos nos enseñan los col­ores. Rojo, verde, azul. Después las for­mas, los números, las pal­abras, las tablas y las fechas.

Nadie nos enseña a oler.

Lo hace­mos todo el día, claro: el café a la mañana, la llu­via sobre la tier­ra seca, un pome­lo recién cor­ta­do, el jardín después de regar. Pero casi nun­ca nos deten­emos a prestar aten­ción, y ten­emos muy pocas pal­abras para lo que encon­tramos.

Oler no es solo algo que hace­mos por instin­to. Tam­bién se puede apren­der a hac­er­lo mejor.

Dos horas, sin vino

No se sirve vino y no hace fal­ta saber nada de vino.

Son dos horas ded­i­cadas a un sen­ti­do que usamos todos los días y casi siem­pre igno­ramos.

Unas 2 horas · En español· Máx­i­mo 4 per­sonas · Para hués­pedes de Fin­ca Adal­gisa · Se reser­va en recep­ción

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Gabriela Furlotti

I'm Gabriela Furlotti. I was born and raised among vineyards in Mendoza, and I still live on a finca. My family came from Italy, the Basque Country and Catalonia. Some knew the land, others the law. They had vineyards, wineries, a hotel and a dairy farm. I carry that on in my own way: I make wine at Bodega Furlotti, welcome guests at Finca Adalgisa and plant trees in Altamira. I water, walk through the vineyard, and gather eggs and chicory for dinner. Here I write down what I see, what I do and what I was told, so it won't be lost.

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