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atardecer en finca adalgisa

Notas de Familia : los intangibles

Un vino se puede medir con pre­cisión.

Gra­do alco­hóli­co. Acidez total. pH. Meses en bar­ri­ca. Todo eso figu­ra en una ficha téc­ni­ca, y toda esa infor­ma­ción es ver­dadera. Pero nadie recuer­da un vino por sus números.

Con un hotel pasa lo mis­mo.

Met­ros cuadra­dos. Can­ti­dad de habita­ciones. Ameni­ties. Cal­i­fi­cación en una platafor­ma de reser­vas. Todo eso tam­bién es cier­to, y tam­bién es insu­fi­ciente. Describe el lugar, pero no expli­ca por qué alguien lo recuer­da años después.

Lo que se recuer­da es jus­ta­mente lo que ningu­na ficha puede ano­tar. Las fichas téc­ni­cas describen un pro­duc­to. La memo­ria describe una expe­ri­en­cia.

Lo que no se puede fotografiar

Una habitación se fotografía. La calidez con la que alguien te recibe, no.

Un jardín se fotografía. El momen­to exac­to en que decidís que ese lugar te impor­ta, no.

Un desayuno se fotografía. La sen­sación de que nadie te está apu­ran­do a que ter­mines de desayu­nar, no.

Eso es un intan­gi­ble: algo real, algo que se siente con total clar­i­dad, pero que se resiste a con­ver­tirse en dato. No porque sea vago o impre­ciso. Al con­trario: suele ser lo más pre­ciso que existe. Es pre­ciso pero no med­i­ble, que es dis­tin­to.

Por qué preferimos lo que se puede contar

Nos sen­ti­mos más cómo­d­os midi­en­do lo que podemos con­tar.

Habita­ciones. Met­ros cuadra­dos. Pun­tos. Estrel­las. Meses en bar­ri­ca.

Es lógi­co. Los números ayu­dan a com­parar, a ele­gir, a jus­ti­ficar una decisión antes de tomar­la.

Pero rara vez expli­can aque­l­lo que real­mente per­manece en la memo­ria.

La memo­ria no recuer­da una suma de hechos. Recuer­da una sen­sación.

Nadie recuer­da una lista de ser­vi­cios. Recor­damos cómo nos sen­ti­mos en un lugar.

Lo curioso es que esa sen­sación casi nun­ca nace de un solo gesto grande. Se con­struye con cien­tos de cosas pequeñas que, tomadas una por una, pare­cen insignif­i­cantes.

Cuidar lo que no se ve

Tra­ba­jar con intan­gi­bles sig­nifi­ca acep­tar que bue­na parte de lo más impor­tante que hace­mos no se puede medir, ni mostrar, ni pon­er en una lista de ser­vi­cios.

Sig­nifi­ca cuidar una con­ver­sación que dura tres min­u­tos y no que­da reg­istra­da en ningún lado. Cuidar el silen­cio antes de que alguien pre­gunte si nece­si­ta algo. Cuidar que un vino no grite lo que es, sino que lo insinúe.

Nadie va a escribir una reseña sobre eso. Y sin embar­go, es prob­a­ble­mente lo úni­co que hace que alguien, meses después, se acuerde de un lugar sin poder explicar bien por qué.

Por eso, con los años, dejamos de inten­tar mostrar todo lo que hace­mos. Algu­nas cosas solo pueden vivirse. No tiene sen­ti­do inten­tar expli­car­las antes.


Notas de Famil­ia
Serie: La filosofía de un lugar

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Gabriela Furlotti

Gabriela Furlotti lleva más de veinte años trabajando en vino y hospitalidad en Mendoza. Fundadora de Finca Adalgisa y quien dio nueva vida a Bodega Furlotti, construye proyectos que integran viñedo, territorio y una hospitalidad que no se aprende en manuales. Escribe sobre lo que vive: vino, hospitalidad, agroecología, naturaleza, decisiones sin certezas.

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